Hace un tiempo les conté que había llegado la hora de hacer un cambio en mi vida. Y es que después de tanto relajo, toda esa comida y locura gastronómica y fiestera te pasan factura a la hora que intentas ponerte tu short o falda favoritos que ahora tienes que llevar unos centímetros más arriba de la cintura porque de otra forma tus rollos hacen una aparición inesperada. Cuando de repente, tus amigos planean un viaje a la playa, lo único que te resiste unir al plan es que no quieres que te vean en ropa de baño, pero terminas yendo, buscando salidas de playa bonitas (que demoras mucho en encontrar porque aparentemente no hay una buena oferta en Lima) y peor aún, terminas comprando una ropa de baño de señora, de esas que vienen con faja incluida y que es negra

¿Les ha pasado? A mi sí. Hace unos días. Cuando todos planeaban sus escapadas de Año Nuevo. Mi idea era quedarme en casa viendo los fuegos artificiales por la ventana y levantar temprano al día siguiente esperando las novedades por WhatsApp. Mi intención era simplemente no ir a la playa. Mi cuerpo no está preparado decía, la Navidad estuvo brava. ¡Nada me queda bien! No sé en qué momento tiré la toalla y dejé que cualquier cosa sea una razón para dejar la dieta que mi buena e increíble nutricionista me había dado y soltar la típica frase: “el lunes empiezo”.  O peor aún, correr de la balanza porque recién regresaba de viaje, porque el fin de semana fue el cumpleaños de un amigo o porque estaba en “esos días” y me había atorado con cuanto chocolate había encontrado. 
Sinceramente no sé qué me pasa. Pero definitivamente no tiene nada que ver con la dieta o el exterior,  si no puedes bajar de peso (a no ser que tengas una condición clínica o endocronológica más profunda) el problema es una misma. En este caso, el problema soy yo. El problema es que me estoy dejando llevar por la flojera, por la falta de voluntad y porque con Photoshop se puede arreglar todo. Sí, lo dije. No tiene nada de malo querer verte bien en tus fotos y siento sinceramente que ese discurso de “estás vendiendo una imagen que puede afectar negativamente a quienes te siguen” no aplica conmigo porque soy una persona común y silvestre que no sale en bikini y que solo se modifica la pancita o los rollos. ¿Quién no hace eso? No vendo una imagen esquelética o ultra fit amante de los deportes para que me echen sanciones del más allá. Mido 1.56cm y peso más de lo que debería pesar en este momento, con tal solo decirles que estoy en el mismo número que una amiga que acaba de dar a luz y que es muchísimo más alta que yo. No quiero ni acordarme de cómo me sentí cuando me enteré de esto. Fue en ese momento que realmente me puse a pensar, ¿por qué no puedo bajar de peso? ¡Por muchas razones! Primero, el alcohol. Segundo, ¡comer en exceso y por ansiedad! Tercero, la falta de voluntad para hacer ejercicio. Listo. He ahí la respuesta. ¿Qué puedo hacer al respecto? Controlarme y dejar los malos hábitos.

Por ahí leí que un número no te define y yo soy partidaria de esto, empezando por la edad, ¿qué onda con toda la gente que está obsesionada con saber cuántos años tienes? Uno tiene la edad que siente, ¡relájense! Lamentablemente, el peso si es algo aparte. La apariencia está muy ligada a tu autoestima y que la ropa no te quede como antes y tengas que ponerte vestidos porque tu jean favorito no te cierra o ya se te sale el camel toe y no tienes una blusa más larga para camuflarlo, definitivamente te quita la motivación para cualquier cosa. Pero todo tiene un límite y si una misma no se pone la camiseta, ¡nada va a cambiar! Ya pasó Navidad, ya no hay excusas para seguir comiendo como si no hubiera mañana, si no llegas con la silueta perfecta para este verano, ¡no importa! Será para el próximo. Pero por lo menos ya estoy decidida a que ahora sí retomo todo, la dieta, el ejercicio y todos los hábitos saludables del mundo. ¡Lo prometo! Por lo pronto hoy retomo las clases de box, ¡deséenme suerte! Porque después de varios meses sin ir, ¡voy a sufrir!

¿Alguna por aquí se anima a seguir esto conmigo? ¡Vamos! ¡Sí se puede! Si necesitan una nutricionista, les recomiendo a la mía, Melissa Paz, ¡es una capa! Y te da dietas buenazas, además es súper paciente, puedes contactarla hasta por mensajes. ¡Escríbanle!

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