Si vas a beber, no lo desbloquees y le vuelvas a hablar.

A todas las mujeres se nos ha cruzado un pendejo. Sí, un pendejo. Así como lees. Un mal hombre que se cree vivo, de prosa engatusadora y actitudes a veces contradictorias, que nos hizo pensar en romper el intrínseco voto de honor a la soltería. Porque después de un tiempo y una relación larga que no tuvo final feliz, una simplemente quiere descansar y divertirse. Y como buen pendejo se ganó el castigo que muchas le damos a quienes queremos eliminar de nuestras vidas: el bloqueo cibernético.

El pendejo al que hago referencia en esta historia no es cualquier pendejo. Es un pendejo egocéntrico. El peor de todos. El pendejo egocéntrico cree que todas las mujeres se  mueren por él. Y si tiene la pinta, peor aún. Pero lo que este pendejo puede tener de guapo, lo tiene de mentiroso.

Aquí algunos ejemplos del clásico modus operandi del pendejo egocéntrico (o cualquier pendejo en realidad). De un momento a otro, pareciera que no puede estar sin hablarte por WhatsApp, te llama sin razón alguna, te invita a comer, te escribe los fines de semana para decirte: “¿En qué andas?” Y tú, para asegurarte de no ser solo un booty call, sugieres una ida al cine o cualquier otra actividad pública. El sujeto atraca. Y cuando las salidas públicas y no públicas se hacen más seguidas, tus amigos en común empiezan las bromas sugestivas, tus amigas tratan de analizar la relación y todo alrededor tuyo parece indicar que debe haber algo más que amistad y beneficios, al menos ambos disfrutan pasar tiempo juntos. Tú no quieres dejar la soltería -aún- y sin embargo el individuo te gusta, así que decides continuar. Error número uno.


Luego seguirá el error número dos. El individuo, que aparentemente se ve interesado en ti, sigue jugando Candy Crush -o lo que sea que la gente juegue en estos días- con tu cerebro, a tal punto que piensas que es momento de dejar las cosas claras, pero es ahí cuando el pendejo te dirá que te confundiste, que nunca fue su intención, que todo estaba claro, que no están en sintonía.

 
Creo que entiendes la razón principal por la que el pendejo egocéntrico merece ser bloqueado. Chau pendejo, no quiero que veas mi Facebook, no quiero que me metas cuento por WhatsApp y no tengo ganas de que me llames un fin de semana a preguntarme qué hago.
 
Y después del primer día exitoso de no hablarle, viene el segundo, el tercero y cuando ya pasa el mes, te sientes más libre y motivada. Cuando escuchas a Beyoncé y Taylor Swift cantas a todo pulmón y te crees la reina del mundo, porque ellas saben de lo que hablan y tú la estás viviendo. Qué viva el girl power, que vivan las feminazis. Okey, no tanto.
 
Pero llega el fin del segundo mes, y de repente te pasas de copas, borras cassette, escuchas alguna canción que te hace recordar al pendejo -probablemente un reguetón antifeminista- y en medio de tu estado alcohólico y a pesar de las pocas habilidades motrices que te quedan, ¡lo llamas! 


 
Al día siguiente te das cuenta de que gracias a Odín, el Olimpo, Thor o en quien creas, el pendejo egocéntrico jamás contestó tus llamadas. Porque es tan egocéntrico que no te puede contestar un sábado a las tres de la mañana. Vives feliz, porque fue un exabrupto, y como no hablaron tu error no cuenta. Pero desgraciadamente los actos traen consecuencias. Al mediodía, el pendejo, haciéndole honor a su nombre, te llamará del celular de otro amigo al que no has bloqueado a preguntarte para qué lo llamaste tantas veces.
 
Y sin darte cuenta, entrarás de nuevo en el círculo vicioso del pendejo. Y ten cuidado, porque tratará de convencerte para que se vean y conversen, insistirá, te hablará bonito. Solo las valientes no caerán de nuevo en las garras del pendejo. Si este individuo aún te mueve el piso y crees que lo puedes cambiar, volverás a lo mismo. Yo que tú me cambio de número.
 
Si no quieres alterar tu fin de semana y ser nuevamente presa del pendejo, si bebes, no desbloquees.
 *Este es una historia basada en un hecho real. Los nombres han sido cambiados para proteger la identidad de sus verdaderos protagonistas, que ojo, ninguno soy yo. (Sí, claro, Pink Chick.)