Una breve historia de cómo puedo ser blogger y tener vitiligo sin problemas.

En algunas ocasiones he mencionado casualmente que tengo vitiligo. No les he hablado mucho sobre el tema pero después de leer el testimonio de una estudiante iraní viviendo en Londres con esta enfermedad y también luego de ver cómo Winnie Harlow sigue haciéndose paso en el mundo del modelaje, por cierto, algo realmente inspirador; me animé a contarles mi experiencia y cómo es moverse no solo en este mundo digital si no la vida real con algo que te hace ver diferente, pero de una forma en la que no muchas personas están acostumbradas.

Me diagnosticaron vitiligo cuando tenía 13 años. No recuerdo cómo empezó. Solo que me llevaron al doctor y luego de hacerme unas pruebas me dijeron lo que tenía. Al principio no entendía qué era exactamente y no le tomé mucha importancia. Solo tomaba las pastillas que me recetaron y recién cuando vi cómo las manchas se expandían en mi rostro empecé a hacer el tratamiento completo con las cremas y lociones.

Si antes de tener vitiligo era tímida y reservada, imagínense lo que fue cuando el noventa por ciento de mi rostro fue ocupado por secciones des-pigmentadas. Felizmente soy distraída y olvido algunas cosas muy rápido porque no recuerdo haber recibido miradas extrañas en el colegio, creo que la mayoría de las chicas de mi salón estaban más concentradas en hacer bromas de otras cosas; estoy eternamente agradecida de no tener que haber pasado por algún tipo de bullying debido a mi vitiligo.

El problema era cuando me cruzaba con algún adolescente del colegio de “hombres”. Pero como digo, mi mente es tan frágil que honestamente, si me han dicho algo malo, ya ni lo recuerdo. Al principio me avergonzaba, como dije, hubo un momento en que las manchas ocuparon toda mi cara. Pero todo pasa y como digo, mi memoria borra todo. Lamentablemente, no puedo olvidar que esta condición dermatológica afectó mi autoestima, y bueno, algunas veces lo sigue haciendo.

Ser diferente físicamente en una sociedad como ésta y aguantar las miradas de gente impertinente (creo que no hay otro nombre para quienes se quedan mirando las imperfecciones de otro) es difícil y hasta puede ser agotador si no sabes cómo sobrellevarlo. Cuando entré a la universidad la situación fue la misma, solo uno que otro comentario desatinado pasaba por ahí y como estaba distraída con otras cosas, no hacía mucho caso.

Debo mencionar que desde que mis manchas eran más obvias tuve que empezar a cubrirlas, para no sentirme más expuesta a las miradas curiosas de la gente. Es así como el maquillaje comenzó a ser una parte importante de mi rutina. Los tratamientos eran otra cosa. Y confieso que al principio no fui nada constante, especialmente después que tuve una mala experiencia con uno de ellos. Pasé por todo, lociones, exposiciones al sol, pastillas, batidos, inyecciones… incluso, un doctor sugirió el “tratamiento Michael Jackson”. Pero nada funcionó hasta que un día me decidí a llevar una vida más tranquila, saludable (el sistema inmunológico y también tu estado de ánimo influyen mucho en esta enfermedad) y coincidentemente, cuando empecé a hablar de compras y ropa en el blog encontré un tratamiento que funcionó así como un equilibrio personal a través de mi computadora lo que hizo que de un momento para otro mis manchas disminuyeran a tal punto que sin darme cuenta, empecé a dejar de usar bases y correctores para ir a trabajar.

Después de la universidad y conforme el blog iba creciendo me sentía un poco más segura de mi misma y ya no me avergonzaba decir que tenía vitiligo y que antes mi rostro era diferente. Quizás porque ya no era tan obvio y también porque quería adelantarme a alguna mirada curiosa, las cuales desde que soy blogger no existen, al menos no que me haya dado cuenta. Sin embargo, el vitiligo es una enfermedad en la cual se pierde progresivamente el color de la piel y se caracteriza por la aparición de manchas blancas en el rostro, las extremidades y otras regiones del cuerpo. La mayor parte de los pacientes presentan la despigmentación en las manos inicialmente y luego en la cara. En mi caso, fue al revés. Hace un año las manchas llegaron a mis manos y puede verse en algunos de mis vídeos en YouTube o fotos en Instagram. Y si bien esto ha comenzado a incomodarme un poco (es por eso que no poso para la línea de accesorios de mi marca) igual sigo usando mis esmaltes y anillos favoritos. Y obviamente, ya empecé un nuevo tratamiento con un doctor que me ha dado muy buenos resultados. Abajo les dejo todos sus datos.

Como dije, ser diferente en un círculo en el que las apariencias importan mucho puede ser agotador. Pero no por eso una tarea imposible de llevar. Y no solo con el vitiligo, cualquier imperfección física que atente contra algún estándar de belleza que nosotras como mujeres hemos puesto sobre nuestros hombros no debe ser impedimento para sentirnos plenas y felices con nosotras mismas. Sé que es más fácil decirlo que hacerlo, pero tenemos que aprender a querernos cómo somos: altas, chatas, caderonas, con pancita, con busto, sin él… Si hay cosas que se pueden solucionar, digamos, el peso, ¡pongamos manos a la obra! O mejor dicho, ¡empecemos con el esfuerzo físico! Los kilos no van a desaparecer por arte de magia. Si tienen algún problema dermatológico que las hace sentir mal, busquen ayuda, pregunten, busquen algún tratamiento, pero hagan algo que las haga sentir mejor. No se queden esperando y sufriendo. No lo vale. Perdemos tiempo. Y eso es algo que no se puede recuperar. Todos los problemas se pueden solucionar, solo hay que ver la forma. Y por supuesto, ¡nunca bajar los ánimos! Con el tiempo he aprendido a ser optimista y ver las cosas con un espíritu más colorido, me pongo mis imaginarios lentes rosados y todo es mejor.

Y bueno, creo que me extendí un poco más de la cuenta. Pero era algo que quería compartir con ustedes. Si tienen más preguntas sobre el vitiligo o cualquier otro tema en que pueda ayudarlas, escríbanme con toda confianza. Trataré de responder lo más pronto posible.

**Ahora, sobre los datos de mi doctor, su número es 476-5760, su nombre es Rafael Gamarra y no atiende con cita si no por orden de llegada, la consulta está s/.200 y realmente lo valen pues es uno de los pocos doctores que tienen la cámara de luz que ayuda a la repigmentación de la piel. Claro está que deben evaluar primero tu condición y de acuerdo a eso darte una receta, la cual debes seguir al pie de la letra de lo contrario la enfermedad regresa.**