¿Cuál es el motivo para atacarnos las unas a las otras?

De un tiempo a esta parte he notado un fenómeno que cada vez domina más las redes sociales. Se trata de los mitos, las críticas y los prejuicios que emitimos entre nosotras, entre mujeres. Aunque a decir verdad, no sé si sea un fenómeno o una amenaza al libre albedrío, a aquella libre voluntad y poder que tenemos las personas de elegir y tomar nuestras propias decisiones.

Quien haya inventado la palabra crítica o la sola noción de lo que esto significa seguramente fue alguien inconforme con el mundo y que en lugar de cambiarlo o hacer algo constructivo, solo se dedico a expresar su malestar.

Según la RAE, la crítica es el análisis de algo y valorarlo según los criterios propios de la materia de que se trate. Okey. Quizás con esto los críticos de cine, arte, gastronomía, entre otros, pueden defender la injustificada labor que realizan.

Hay que ser bien rompe globos para juzgar lo que un pintor realizó con entusiasmo, lo que un nuevo chef preparó con cariño y dedicación o qué se yo. Ojo, con esto no me refiero a lo que es una crítica constructiva, esa valiosa opinión que puede darte alguien que te conoce o a quien le importan tus sentimientos y que de veras busca que mejores. Ese tipo de críticas siempre deben ser bienvenidas. En todos lados.

 

La segunda definición que la RAE le da a la palabra crítica es: hablar mal de alguien o de algo, o señalar un defecto o una tacha suyos.

Ajá. A esto es a lo que me refiero con lo que sucede en nuestro mundo, en las redes sociales.

La crítica, junto a los prejuicios (ocasionados por ciertos mitos) son el pan de cada día de las redes sociales y la vida en general.

Yoda -sí, voy a citar a Yoda- dijo: “Fear is the path to the dark side…fear leads to anger…anger leads to hate… hate leads to suffering” . Aquí puedes ver la traducción al español. Entonces, si trasladamos esto a lo que sucede actualmente en la Amenaza Fantasma de la Guerra de Mujeres, podríamos decir que la crítica es el camino al lado oscuro, la crítica lleva a los prejuicios y los prejuicios llevan a los mitos. Y los mitos llevan al raje. ¿Me entiendes? Espero no haberme ido en floro con esto.

Recordemos la parte final de la película Mean Girls, cuando Tina Fey reúne a todas las chicas en el gimnasio y les da una especie de charla motivacional para que dejen de rajarse las unas a las otras. Cuando vi esta escena por primera vez me impactó mucho pues parte de mi infancia y adolescencia la pasé en un ambiente donde el raje y la habladuría reinaban por sobre todas las cosas (vengo de un colegio de mujeres).

Años más tarde, acabé nuevamente en un mundo en el que el raje viene disfrazado de crítica  y no solo eso, si no que además, estoy expuesta todo el tiempo a recibir cualquier tipo de comentarios. Y sí, aquí también todas son mujeres.

Soy consciente de que no puedes gustarle a a todos y créeme, éste insight lo tengo más que interiorizado. Por otro lado, me doy cuenta que conforme pasan los años, me hago más inmune a dejarme llevar por el “qué dirán” y por supuesto, mi nivel de empatía es mayor. He dejado de fijarme en cosas banales y trato por todos los medios de no hacer comentarios negativos acerca del prójimo (en este caso, otra mujer) y si lo he hecho, reconozco que ha sido porque estaba celosa ya que había un galán de por medio.

Existen prejuicios de todo tipo entre mujeres: que si te juntas con chicas que salen en la televisión, que si te pones algo diferente, que por qué no saludas con besito a todo el grupo…

Me han dicho de todo, hasta antisocial. Pero creo que lo que poca gente sabe es que a veces soy introvertida porque las multitudes me abruman, en especial cuando todas son mujeres. Y estoy segura que eso sucede con muchas cosas que pensamos las unas de las otras.

Puede que en algún momento haya emitido un juicio de valor equivocado acerca de otra persona sin conocer lo que realmente sucede. Nos dejamos llevar por lo que vemos a través de una pantalla, ya sea del celular o la televisión e incluso, lo que la gente muestra al exterior intencionalmente o sin darse cuenta.

En mi caso, existe el mito de que soy antisocial. Mito ocasionado por un prejuicio que hace poco mis amigos más cercanos me han hecho notar. Se trata pues de que a veces, pareciera que estoy molesta, no creo que sea resting bitch face pero ya son varias personas que me dicen que al principio doy la impresión de estar  asada pero una vez que me conocen se dan cuenta que eso dista de la realidad.

Si me dejas ser más sincera contigo, la verdad es que no siempre estoy sonriendo y a veces me pongo seria porque estoy preocupada pensando en el trabajo o en por qué el galán del momento no me responde el WhatsApp. Es mi cara, that’s it.

Y sí. Estoy tratando de cambiar eso.

 

Pero esos no son los únicos prejuicios que he visto de mujer a mujer. A lo largo de estos siete años de carrera blogueril y como parte del medio cibernético he visto que existen muchos mitos que emitimos entre mujeres. Algunos de ellos han sido directamente hacia mi y otros los he visto hacia otras personas:

Se ve más bonita sonriendo.

A veces no quiero sonreír. Me arrugo. Y no soy la única que piensa esto.

Por qué muestra tanta piel y usa cosas tan apretadas, eso no está bien.

¿Quién dice qué está bien? Hay personas a las que nos gusta usar ropa ajustada y mostrar nuestros atributos. Let them be.

Mucho maquillaje. Mucho Photoshop. Se ve más bonita al natural.

Okey, eso es para ti. Quizás tú no te pongas tantos productos o prefieras llevar tu rostro al natural y mostrarlo así al mundo. Bien por ti. Pero hay chicas a las que nos encanta el maquillaje y los efectos digitales que nos hacen ver aún más bonitas.

Todo bien con quienes piensen que eso no es real y hay que mostrarse con aquella arruguita o papada de más. Respeto a quienes pensamos diferente.

No entiendo cómo ella puede ser blogger.

Cada vez que leo o escucho esto, ya sea si se refieren a mi u otra compañera blogger pienso que claramente la persona que se expresa así no debe ser feliz con su vida. ¿De qué otra forma anda fijándose en lo que hace el resto?

Como anécdota, te cuento que cuando le dije a mi papá que quería dedicarme full time a mi blog, me dijo lo mismo que cuando le dije que me había cambiado de Derecho a Comunicación: que podía ser lo que yo quisiera siempre y cuando sea la más profesional y la mejor. Y todos los días me esfuerzo por ello.

Antes de ser mujer eres mamá.

¿Acaso cuando eres mamá dejas de ser mujer? No sabía.

Se te ve muy flaca. Estás enferma. Come algo.

A ver, decir eso es igual de malo que  “estás muy gorda” y “¿has subido de peso?” Tenía un grupo de amigas a las que les encantaba hacer énfasis en mis coqueteos con la balanza y darme largos sermones de por qué no debía subir más de peso. Por éste y otros motivos, ya no son mis amigas.

Te quedaría otro color o corte de cabello.

No me alucino personal shopper o asesora de imagen. No tengo un cartón que diga que lo soy y aún así lo sea, jamás se me ocurriría decirle eso a otra persona. Nadie más que uno mismo quiere verse como se le da la gana y puede decir cómo llevar el cabello. Libre albedrío estimadas, LIBRE ALBEDRÍO.

Ese outfit está horrible.

A las únicas personas a las que les permito decir que algo en mi está horrible son: mi papá, mi mamá y mi hermano. En ese orden. A veces me sorprende el poder que sienten algunas personas solo por estar detrás de una pantalla.

Hagámonos un favor entre todas. Dejemos los mitos, prejuicios y críticas. Fijémonos en nosotras mismas, en lo que debemos mejorar, en lo que hemos logrado, en todo lo que tenemos que trabajar para alcanzar nuestras metas y sueños, si a alguien le está yendo increíble, ¡felicítala!

Si de veras crees en la igualdad y luchas por los derechos de las mujeres, no esperes a que sea el 08 de marzo para decir que las mujeres somos lo máximo. El respeto empieza entre nosotras mismas.