Hace unas semanas se estrenó la tercera parte de Bridget Jones, la
solterona que nos hizo reír a muchas mujeres jóvenes y adultas. Si nunca has
visto alguna de las películas te sugiero hacerlo. No sabes lo que te estás
perdiendo. Aquí te daré la sinopis. Bridget es una mujer de treinta y tantos
años, soltera, extremadamente torpe y despistada, con sobrepeso, enamorada de
la bebida y los cigarros y cuando no está vacilándose con sus amigos en un bar,
está buscando el amor.
Yo estaba entrando en la adolescencia cuando vi la primera y, como toda
niña, me sentía fascinada por la singular vida de soltera de Bridget. Si bien
el argumento de la historia se centra en las desventuras por las que pasa una
mujer soltera de treinta años, lo que llamaba mi atención y me hacía pensar era
la idea de cómo sería mi vida a esa edad. Y si bien aún me falta mucho para
llegar a la edad de Bridget, digamos que ya estoy bordeando el límite y sí,
sigo soltera y sí, también me ha tocado pasar por situaciones que sorprenderían
y harían reír a muchos. Y luego de terminar de escribir el primer párrafo, me
acabo de dar cuenta que calzo perfectamente con la descripción de Bridget,
salvo la edad. Y es que sí, yo también soy soltera, torpe y despistada hasta la
médula, con unos cuantos kilos de más de mi peso ideal, acabo de iniciar una
relación algo descontrolada con la bebida (pero no con lo cigarros) y
efectivamente, aunque me cueste aceptarlo, también estoy buscando el amor.
Mi hermano, con el que tengo una relación centrada en el “maleteo diario”
siempre bromea conmigo y me dice que soy la Bridget Jones peruana. Y me gana el
orgullo pero, después de ver “El bebé de Bridget Jones”, le doy la razón. En
realidad, de alguna forma, todas las solteras entre 27 a 30 y algo somos como
Bridget Jones. Todas hemos tenido o tenemos un Mark Darcy y todas definitivamente
hemos tenido un Daniel Cleveland en nuestras vidas. Estoy segura que más de una
ha tenido que pasar por momentos en los que todos a nuestro alrededor eran
pareja y tú, la única soltera del grupo, sentías que eras ligeramente observada
como una paria. Y ni qué decir de las veces en que algún miembro de nuestra
familia, en especial las tías, te preguntan para cuándo el novio o sueltan
comentarios alusivos al matrimonio y los bebés. Podremos haber avanzado en
muchos aspectos pero esta sociedad aún es convencional, en especial la de
nuestro país.
En mi corta vida romántica y sentimental me he cruzado con muchos
Clevelands y aunque suene cliché, luego de maldecir a todos y repetir hasta el
cansancio que aquí se acabo todo con el sexo opuesto, me repongo y continúo mi
paciente espera por un Mark Darcy. Mi caballero inglés activista de derechos
humanos está por ahí, pero como está tomándose un tiempo en llegar, me seguiré
divirtiendo.
Quizás esa sea una de las razones por las que disfruté “El bebé de Bridget
Jones”. Cuando Bridget de pronto se da cuenta que sus amigos están muy ocupados
con sus vidas de pareja y familiares, ella decide unirse al plan de la única y
divertida amiga soltera que le queda. Se van a un festival de música –otro de
mis recientes eventos sociales favoritos- y la pasan genial, Bridget conoce a
un nuevo galán y ahí empieza la historia.
Y es que a pesar de la edad de Bridget, una etapa en la que “lo normal”
sería estar felizmente casada y con hijos, ella sigue disfrutando su soltería y
eso es algo que todas las que no tenemos a un galán al costado debemos tomar
como ejemplo. Si un mal hombre se aprovecha de tu buena fe e intenciones, toma
una buena copa de vino y junta a tus amigos para evaluar todas las razones por
las que debes agradecer de ya no tenerlo en tu vida, si metiste la pata en
algo, ríete. Eso es algo que me encanta del personaje, es la más torpe, pero se
ríe de todo. Y eso es algo que yo hago, me río de todo. Reconozco que antes
solía quejarme y me sentía mal de no tener pareja, pero desde mi última ruptura
amorosa y ahora, con oficialmente dos años fuera del mercado de las relaciones
sentimentales, te digo con total sinceridad: amo mi soltería y no la dejaría
por nada, a no ser que Tom Hiddelston me llame.